Al estilo tropical

Actualizado: 26 dic 2021

Artículo publicado por Eloy Sánchez Sánchez, presidente de la asociación JUVENTUD DESPIERTA el 11 de junio de 2021 en el diario digital: "Periodista Digital"


Fuertes vientos, abundantes lluvias y tormentas eléctricas de larga duración, todas ellas

características propias de un huracán o ciclón tropical. Con una estructura en espiral

fácilmente reconocible, consta de una región en forma circular y situada en el centro, es el

“ojo” del huracán. Las bajas presiones de este “ojo” permiten que se produzca un fenómeno

único, un refugio de calma en el epicentro del poder destructivo del ciclón. Un núcleo de

paz rodeado de devastación, foco de la catástrofe inminente.


Símil recurrente y aplicable al panorama político actual, pues de forma sobrevenida, el

horizonte se ensombreció. Nadie previó la hecatombe. En cuestión de meses, la bravura del

vendaval acumuló cadáveres en hospitales, crematorios y morgues improvisadas. Miles de

muertos que dejaron una desolación sin consuelo. La tormenta prosiguió con una caída de

más del 11% de nuestro Producto Interior Bruto en el año 2020, arramblando con

pequeños, medianos y grandes negocios y arrojando a sus trabajadores al vacío del

desempleo. Un incierto panorama supuestamente cercado por la distribución de los fondos

europeos para la recuperación y por las esperanzadoras campañas de vacunación.

La “inminente” recuperación económica y sanitaria parece acompañada de un clima de

desasosiego político en el cual la cuestión catalana, las recientes crisis diplomáticas con el

Gobierno marroquí y los problemas estructurales de desempleo y déficit público están

resueltos ya. Esta falsa tranquilidad es propia del “ojo” del huracán, un instante de reposo

previo a la sucesión de peligrosos contratiempos, un paréntesis a la inaplazable desventura.

Este tranquilo panorama precede a la tempestad. Agorera pero realista predicción,

conclusión lógica de los sucesos acontecidos en los últimos meses. Entre otros, la falta de

transparencia del Gobierno en cuestiones tan trascendentales como el levantamiento de

las restricciones a la movilidad durante la pandemia, que inducen a la desconfianza en la

distribución y asignación de los fondos europeos. O la intervención de Pere Aragonés

durante su reciente investidura como presidente de la Generalidad de Cataluña en la cual

anunció, y cito textualmente: “…presento mi candidatura a la presidencia de la Generalidad

para hacer posible la culminación de la independencia de Cataluña, para hacer inevitable la

amnistía…” La ausencia de cooperación judicial en materia penal entre los países miembros

de la UE o los recientes ataques acometidos por el imperialismo marroquí de Mohamed VI

contra la soberanía española en Ceuta y Melilla también reflejan una tempestad sin remedio

anticipado. O incluso las preocupantes cifras de desempleo juvenil, paro estructural, déficit

público vaticinan el paso del ciclón tropical.


Así como en las regiones cercanas al trópico de Cáncer, se dan las condiciones perfectas

para la formación de todo tipo de ciclones, España por sus condicionantes históricos,

culturales y políticos ocupa un “área” típica de formación de ciclones tropicales políticos.

No porque estos sean originados por una causa natural, sino por la falta de diligencia política

de muchos dirigentes. Desde la proclamación de la “República Catalana como Estado

integrado en la Federación Ibérica” por Francesc de Macià el 14 de abril de 1931, hasta la

proclamación por Carles Puigdemont el 10 de octubre de 2017 por el que asumía el

“mandato del pueblo” para que Cataluña se convirtiese “en un Estado independiente en

forma de república”. Desde el “Manifiesto de Fernando VII a los españoles” el 10 de marzo

de 1820 donde el monarca juró y prometió defender la Constitución de 1812 para

posteriormente acabar forzando la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luís en 1823, hasta

las promesas públicas de Pedro Sánchez de no indultar a los líderes independentistas

condenados por sedición y malversación para acabar negociando su indulto. Salvando las

distancias, evidentes demostraciones de la absoluta falta de compromiso político.


Ciclones tropicales políticos cuyo denominador común pasa por la transformación de la

gestión de la cosa pública en la lucha por el poder, causa de tempestades venideras. La falsa

tranquilidad de situarse en el “ojo” del huracán no es sino el momento previo al descontrol,

al frenesí incontrolable. Como bien dice el refranero, quien siembra vientos recoge

tempestades.


España por sus condicionantes históricos, culturales y políticos ocupa un “área” típica de formación de ciclones tropicales políticos."


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